Esta es la historia de una mujer que no podía dibujar.
Cuando era pequeña reflejaba sus inquietudes en el dibujo, hora tras hora y día tras día, de una forma anárquica y conmovedora. Pero llegó un momento en el que su vida cambió de rumbo, y dejó de dibujar a modo de duelo.
Para cuando quiso volver a su antiguo hábito, ya era demasiado tarde: era incapaz de coger un triste lapicero y más aún de reproducir algo con él. Ni la figura más simple. Mano, cerebro y lápiz se negaban a cooperar.
Tenía dos opciones: insistir una y otra vez hasta conseguirlo o cambiar de forma de expresión.
Tal vez fuera cierto aquello de que todos evolucionamos con el tiempo y también lo hace nuestra forma de expresión. Tal vez tan solo se tratase de un pretexto para su dejadez.
Microrrelatos para trayectos cortos en los que se garabatean los pensamientos, ideas y descripciones que rondan por una cabeza cualquiera.
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jueves, 3 de febrero de 2011
sábado, 11 de septiembre de 2010
No tengo ni idea
Intento dibujar esos labios sensuales y preciosos y me sale cualquier cosa menos unos labios de concurso.
Y es que podría escudarme en que la perfección es difícil de igualar pero la verdad es que no tengo ni idea de dibujar.
Una lástima.
Son unos labios tan bonitos que me hubiera gustado tenerlos en el bolígrafo para disfrutar de ellos 24h al día en lugar de 12... nunca se tiene suficiente en cuestión de labios.
Y es que podría escudarme en que la perfección es difícil de igualar pero la verdad es que no tengo ni idea de dibujar.
Una lástima.
Son unos labios tan bonitos que me hubiera gustado tenerlos en el bolígrafo para disfrutar de ellos 24h al día en lugar de 12... nunca se tiene suficiente en cuestión de labios.
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